miércoles, 29 de septiembre de 2010

El futuro llegó hace rato

Cada vez que lo escucho me malhumoro. No hay día en que su presencia no me moleste. Uno se encuentra relajado y tranquilo hasta que él aparece. Esa voz chillona que tiene, sólo logra irritarme. Estoy a punto de dormirme, cierro los ojos, me relajo y él esta ahí, parado al lado mió, y yo lo miro con cara de odio para que se aleje y él no me dice nada, nunca me dice nada.
A veces abro los ojos y aparece en el piso, otras en la mesa y otras no lo encuentro. Cuando apoyo la cabeza en la almohada para descansar escucho su respiración, que es como un “tic-tac, tic –tac” constante, nunca frena. Unos son más grandes, otros son mas chicos, pero todos hacen el mismo ruido molesto, y todos cumplen el mismo objetivo: no dejan dormir.
En él siempre están escritas las mismas cosas: números, números y más números. Y siempre están esas dos agujas que nos avisan en que momento estamos llegando tarde, cuando nos tenemos que levantar, el instante en que tenemos que dejar de hacer una cosa para empezar otra o hasta nos avisan cuando tenemos que llegar a otro lugar.
A veces nos ayuda y resulta verdaderamente útil, pero otras tantas nos arruina el presente, porque él sólo piensa en el futuro. Mi despertador es rojo, es chiquito y es lindo, pero la verdad que cuando me avisa que tengo que levantarme se convierte en el objeto mas odiado de mi casa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario