jueves, 9 de diciembre de 2010

Un infierno en llamas

Mi corazón latió como pocas veces lo hizo durante 135 minutos aproximadamente. Y en el último minuto el palpitar iba aumentando de una forma veloz, muy veloz. Comencé a respirar hondo y a la vez las lágrimas comenzaron a caer de mis ojos, pero simultáneamente sonreí, sonreí muchísimo. El sentimiento de la alegría misma es una de los mejores placeres de la vida, sobre todo cuando se disfruta. Y lo que yo sentí en esta final de la Copa Nissan Sudamericana 2010 fue exactamente eso. Una felicidad que desbordaba, que se impuso en mi persona a través de muchas lagrimas, pero todas y cada una de ellas fueron por la satisfacción enorme que me dio volver a ver a mi equipo levantar una copa internacional.  Hace mucho que no pasaba esto, y yo con mis 19 años puedo decir que prácticamente no había vivido nada parecido (era muy pequeña en 1995).
Independiente me hace sentir algo que nada ni nadie logra igualar. No es mejor ni peor que otros sentimientos, es simplemente hermoso. Ver al equipo del cual soy hincha y fanática pisar un terreno de juego me despierta un júbilo inmenso en el corazón. Pero no puedo negar que también me produjo y hasta me sigue produciendo miedos, sufrimientos y tristezas, sobre todo al ver a los jugadores retirarse de una chancha luego de la derrota.
Todo eso produce el dueño de Avellaneda, un sentimiento inigualable donde todos los estados de animos pasan por un mismo lugar.
Hoy independiente suma una copa internacional más a su larga lista, lista que no se actualizaba hace 15 años, casi una eternidad para quienes esperábamos con ansias este momento. Pero si algo puedo afirmar, desde mi lado más humilde, es que el verdadero Rey de Copas es Independiente, y no por cuantas haya en la vitrina, sino por lo que significa ese término, ese apodo. Según la Real Academía, la palabra “rey” se define como :
1.     1.  Monarca o soberano de un reino: Nuestro reino es Avellaneda. Avellaneda está teñida de rojo por donde se lo mire. “Para que sepas que en el barrio mando yo”.
2.      2. Hombre,animal o cosa del género masculino que sobresale entre los demás de su clase o especie por sus cualidades superiores: Por la lucha, la paciencia y la grandeza que tiene este club del cual estoy orgullosa de formar parte.
Papeles, bengalas, humo, fuegos artificiales y banderas tiñeron de rojo cada una de las ubicaciones que forman el Libertadores. Cada uno de esos lugares, tanto quienes estuvieron sentados como parados, son ocupados por personas que sienten el amor a la camiseta. Un amor que no se compara, no se imita ni se iguala. Un amor que sólo los hinchas del corazón del club podemos disfrutar.
 Al ver el Libertadores de América repleto de fanáticos enfermizos del “rojo” no hizo más que aumentar mi orgullo, causó un pensamiento similar a “Gracias papá “. Si, gracias por haberme introducido en esta felicidad que sólo logran producirla en mi vida esas personas que dejan alma y vida en un piso de césped.
Tal vez mucho no compartan este pensamiento,  pero si de algo estoy segura y creo que cualquier simpatizante de otro club de fútbol también puede afirmar, es que con este mérito Independiente se vuelve a incorporar lentamente en un lugar del que nunca debió salir, de aquel lugar al que el Rey pertenece. En una escala de grandes clubes donde cada vez son más, pero a la vez, cada vez son menos. Un hermoso final donde el fuego y el diablo tomaron el protagonismo.
El infierno está encantador.





sábado, 27 de noviembre de 2010

Mi necesidad.

Tengo la necesidad de dormir junto a él. Quiero cerrar los ojos, apoyar mi cabeza en su pecho y dormirme lentamente, disfrutando ese instante donde los latidos de su corazón invaden el silencio. Preciso tener la paz que él me transmite, pero sobre todo la necesito esta noche. ¿Hay algo más perfecto que ver su rostro mientas duerme relajadamente? Lo dudo.
Cada ojo con sus pestañas. Esas pestañas hermosas, largas y negras. Esas pestañas que muestran cada centésimo de segundo su par de ojos marrones que sonríen cada vez que me ven. Lo extraño. Lo extraño mucho. Pero más extraño lo que es él a mi lado, su abrazo y su cuidado para conmigo. Anhelo su olor, su voz y su piel. Lo necesito. Necesito su respiración en mi nuca.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

El futuro llegó hace rato

Cada vez que lo escucho me malhumoro. No hay día en que su presencia no me moleste. Uno se encuentra relajado y tranquilo hasta que él aparece. Esa voz chillona que tiene, sólo logra irritarme. Estoy a punto de dormirme, cierro los ojos, me relajo y él esta ahí, parado al lado mió, y yo lo miro con cara de odio para que se aleje y él no me dice nada, nunca me dice nada.
A veces abro los ojos y aparece en el piso, otras en la mesa y otras no lo encuentro. Cuando apoyo la cabeza en la almohada para descansar escucho su respiración, que es como un “tic-tac, tic –tac” constante, nunca frena. Unos son más grandes, otros son mas chicos, pero todos hacen el mismo ruido molesto, y todos cumplen el mismo objetivo: no dejan dormir.
En él siempre están escritas las mismas cosas: números, números y más números. Y siempre están esas dos agujas que nos avisan en que momento estamos llegando tarde, cuando nos tenemos que levantar, el instante en que tenemos que dejar de hacer una cosa para empezar otra o hasta nos avisan cuando tenemos que llegar a otro lugar.
A veces nos ayuda y resulta verdaderamente útil, pero otras tantas nos arruina el presente, porque él sólo piensa en el futuro. Mi despertador es rojo, es chiquito y es lindo, pero la verdad que cuando me avisa que tengo que levantarme se convierte en el objeto mas odiado de mi casa.

lunes, 27 de septiembre de 2010

Crisis

“Lo que hace tan agudo el dolor de los celos es que la vanidad no puede ayudar a soportarlo”, dice Henri Beyle Stendhal, un gran novelista y ensayista francés. Cuanta verdad hay en esa frase. Los celos son “insoportables”. El que los recibe suele llamarlos así, pero el que los produce en su interior de forma frecuente, suele darle adjetivos como: enfermizos, dolorosos, malignos, etc. Todos aman y todos odian los celos. La persona al que lo celan hace escándalo y al que no lo celan se molesta porque nadie lo cela. Nunca se llega a un acuerdo con ellos.
Los celos son sentimientos que más de uno los produce sin ser consciente, que se les escapa de las manos hasta el punto de volverse incontrolables. Son esa sensación de angustia y posesión que sale del fondo del alma y atraviesa todo tu cuerpo en cuestión de segundos, y hasta logra sacar lo peor de uno. Lo más complicado de convivir con los celos es no poder decirles que paren. No saber cuándo parar es el mayor error de un celoso, es el pecado capital número uno.
Uno puede decir que sabe controlar sus celos, pero cada persona que estuvo y está parada sobre este globo terráqueo, sabe muy bien que hubo una vez en su vida en que no puedo con ellos, por el simple hecho de que son incontrolables. Hay quienes los tienen presentes todo el tiempo y ya son parte de su vida, otros suelen tener recordatorios de ellos de vez en cuando, y por supuesto también están los envidiosos que sólo les agarran ataques el día del arquero.
Celos: Sentís que el pecho se estruja, que tu corazón se está debilitando y a la vez que tiene más fuerza que nunca, todo eso cuando los celos viajan por tu sangre. Te sentís con el poder máximo y crees tener la razón de todo, cuando seguramente, estés equivocado o tal vez no, vaya uno a saber.
Cada ser humano, es irrepetible. Cada sensación que atraviesa por el alma, corazón y cuerpo de esa persona es igual de irrepetible que su interior. Cada celo es distintos y cada celoso o celosa lo es también. Pero si hay algo en que comparten todas las personas que pasaron, pasan o van a pasar por ese sentimiento enfermizo, es sentir que el aire te falta por unos segundos y luego, cuando abrís bien tus ojos se presenta el deseo de desaparecer de este mundo para no seguir lastimando a la persona que se encuentra enfrente tuyo. ¿Quién es esa figura extraña? Un sujeto que se refleja en el espejo que está justo frente a vos.

Pequeño Saltamontes

Siempre con su camiseta de Independiente puesta y con la pelota en la mano buscando alguien con quien jugar un partido. Cada mañana cuando lo despiertan para ir al colegio, el abre los ojos con una sonrisa y con una voz muy dulce diciendo : ” Buen día”.
Este año empezó primer grado, se siente un chico grande y le encanta que sea así. Va a la escuela con su mochila de Ben 10 y sus útiles, muy contento porque va a encontrase con sus amigos. Él dice que prefiere el cuaderno rojo porque es el color representativo del cuadro de fútbol que él es hincha y porque ahí la maestra le da la tarea para la próxima clase.
Cuando vuelve del colegio, agarra una pelota y se va al jardín de su casa con su hermanito Joaquín, de 3 años, y comienza el partido. Le apasiona el fútbol y con tan sólo 6 añitos sabe el nombre de todos los jugadores de los equipos de primera división de Argentina y de Europa. Es un fanático, pero principalmente del cuadro que ocupa su corazón: Independiente.
Este nene está lleno de alegría y de dulzura, aunque también tiene su carácter especial. Es bastante impaciente, caprichoso y terco, lo cual hace que cada discusión sea eterna. Y cuando pierde, llora y llora. No le gusta perder, es competidor y siempre quiere ganar.
Con su piel bronceada del verano, que le dura durante todo el año, su pelo castaño claro tirando a rubio y esas pestañas gigantes que adornan sus hermosos ojos marrones, el juega todo el día y está siempre con una sonrisa cálida en su cara, la cual realmente transmite mucha paz. Muy compañero y divertido, se convierte en el centro de atención de todas las reuniones, y eso a él le encanta.
Horas antes de dormir, Tomás Roldán suele agarrar una hoja y un papel para empezar a dibujar y dejar volar su imaginación, hasta que su mamá le dice que es la hora de irse a dormir. El cierra su cuaderno, se pone el pijama, le da un beso a sus papas y a su hermano, y apoya la cabeza en la almohada pensando a que va poder jugar mañana.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Volvimos a casa: Libertadores de América.


A las 19.45 nos subimos al auto, fuimos hasta Avenida Belgrano y de ahí tomamos 9 de julio, hasta llegar al Puente Pueyrredón y bajar en la cuidad del amor de mi vida. Estábamos buscando dónde estacionar hasta que vimos muchas cosas de color rojo, muchas. Pensamos que era una señal, así que por presentimiento entramos en ese estacionamiento y empezamos a caminar. Miles de personas caminando por una misma calle, por la calle Alsina. Personas vendiendo remeras, collares, llaveros y posters, y por supuesto los infaltables choris y patys. Después de una larga caminata, que se hizo muy corta debido a toda la alegría que irradiaba esas cuadras, llegamos a una fila, y entramos. Un poco de arena y cal en el piso, mis alpargatas ya no tenían un color negro, sino más bien un color gris. En seguida empezamos a ver luces, a escuchar cantos y a ver papelitos en el cielo. Le pregunto por dónde entrar a un chico y me dice: seguí por acá y metete a la derecha. Le agradezco y le hago caso. Les doy mi entrada a los hombres de pecheras amarillas, mi papá hace lo mismo. Subimos al mismo tiempos los dos cada escalón, y mientras más íbamos subiendo la escalera más se llenaban de lagrimas nuestros ojos y más se agrandaba la sonrisa que teníamos en nuestras caras. Llegamos al último escalón y nos miramos, y la palabras de mi papá fueron: “ esto es hermoso!”. Nos sentamos y estuvimos como 40 minutos con la sonrisa y los ojos detenidos mirando cada detalle de nuestra nueva casa. Le faltaba terminar un poco, como toda construcción, siempre algo le falta. Pero sin embargo era algo inexplicable, algo hermoso.
A nuestra derecha podíamos ver a un joven de unos 25 años, con un nene de 3 en brazos. El nene no paraba de preguntarle cosas a su papa sobre su casa, y él muy orgulloso contestaba todas sus preguntas. A nuestra izquierda había otro joven de unos 26 años con su mujer, fumando por los nervios, su pulso lo estaba traicionando.
Esperemos bastante tiempo, pero esa espera se nos hizo corta porque teníamos con que deleitar nuestros ojos. Apareció el rojo y empezó la fiesta: Papeles, rollos, banderas, cantos, fuegos artificiales y sobre todo, alegría. Mucha alegría. 35 mil personas sonriendo juntas, todas por el mismo motivo : volver a casa. Nos mirábamos y no podíamos creer que estábamos ahí. Casi tres años atrás mi papá me prometió que íbamos a volver a nuestra casa, los dos juntos, y lo hicimos, cumplió su promesa. Estábamos felices, muy felices de estar ahí. Pero más felices estábamos de poder compartir ese momento hermoso JUNTOS.
Comenzó el partido. Primer gol nuestro, gol de Silvera. El estadio entero gritando ese hermoso gol y aclamando por el autor. A los 34 minutos Nieto aparece para amargarnos, y convierte el empate. Pero luego aparece nuestro joven Piatti a los 43 y nos pone adelante por 2 a 1. Termina el primer tiempo y fuimos directo al puesto a comprarnos unas hamburguesas y las infaltables latitas de coca. Luego de unos 20 minutos, comienza el segundo tiempo.
Piatti vuelve a aparecer, luego de una gambeta al arquero, y convierte el tercer gol para los dueños de casa. Y por último, por un gran error de la defensa de Independiente deja que Ramírez convierta el segundo gol de Colón. Se sufrió, pero se ganó.
En cada uno de los 3 goles hubo abrazos interminables, lagrimas en los ojos y palabras de felicidad. También hubo sustos, y desilusiones cuando nos convertían, pero en seguida volvíamos a cantar al compas de esa popular que ardia. Como ya es costumbre decir, no tiembla, no late, arde. Simplemente ardía, y no paró de arde ni un segundo.
Terminó el partido. Un fuerte abrazado de felicidad y mirarnos a los ojos con una sonrisa gigante en nuestros rostros. Que mas podía pedir? Volví a mi casa. Y no volví sola, volví con mi papa. Sueño cumplido.

En el cielo.


Vas caminando y las gotas comienzan aparecer. Y de repente aparece ella. Con su delicadeza y su hermosura, transita cada calle de la ciudad de Buenos Aires. Todos quedan asombrados con su presencia, la miran y no dejan de mirarla. Hasta algunos se atreven y la tocan. Sin embargo, otros ni la registran, piensan que es una más, que es algo pasajero. Los días de calor es recibida con una cara de alivio y los días de frio con otra no muy parecida. Pero para mí lo más lindo de ella, es su voz. Escucharla es algo hermoso, aunque sinceramente nunca diga nada. No se le entiende, pero si se le presta atención. Y más de uno se relaja con esa voz, con ese canto que la mayoría de las veces logra transmitir una paz impresionante.

Pero ella esta vez no apareció sola, vino con ellos. Uno de ellos se caracteriza por su resplandor, siempre brilla en la oscuridad de la noche, su sonrisa es como un relámpago, y en cambio el otro lo único que haces es hacer ruido, siempre a los gritos, como con bronca. Más de una vez uno le pide que baje la voz, porque a veces causa miedo cuando se enoja, pero bueno, algunos ya estamos acostumbrados.

Los tres son muy diferentes, pero se llevan bien. Siempre están juntos, o la mayoría de las veces. Y de vez en cuando aparece un cuarto, el siempre quiere despeinar a las personas, tiene como una obsesión con eso, no hay día en que no lo haga. Una costumbre demasiado molesta, diría yo. Pero la verdad que lo que este último nos hace sentir, es difícil de explicar. Esa sensación en la cara, para algunos una molestia pero para otros algo inexplicable, algo muy lindo.

Y que se yo, ahí van ellos juntos. Cada día de tormenta están ahí haciéndonos compañía. Por un lado la lluvia, por el otro los relámpagos y los truenos, y por último el viento. Me caen bien casi todos, pero el ultimo siempre hace lio en mi pelo, y por eso no me simpatiza tanto. Pero los otros tres sí, ellos tres me hacen poner de buen humor. Y cada día que aparecen aprovecho para escribir algo nuevo. Hoy está lloviendo, hoy hay una tormenta y hoy estoy escribiendo.